sábado, 17 de noviembre de 2012

ECOS del 8 N

 EL 8N Y LA REPRESENTATIVIDAD


                                                              “El diálogo es el mejor arte de una sociedad, sin él no existiría”.

Para empezar aclaro que, al igual que en la marcha del 13 de septiembre, no participé de la que se realizó ayer, por lo tanto mi insumo tiene que ver con lo que pude observar personalmente en Santa Fe y en todo el país, a través de TV.
La verdad que en estos días estuve tentado de escribir antes pero preferí esperar y emitir una humilde opinión luego del 8 de noviembre.
La marcha fue masiva en todos lados. Esa masividad claramente expresa la complejidad de la realidad. Pensar que las marchas fueron orquestadas “por las corpos” es una simplificación sin ingenuidad. Si bien es cierto que pudieron existir acciones tendientes a acrecentar las marchas, creer que a esas acciones se debió la magnitud de las protestas, reitero que me parece una burda simplificación.
Creo que estas marchan desnudan una profunda crisis de representatividad o una ruptura en la relación tradicional entre representante y representado.
Donde quienes constitucionalmente pueden nominar ciudadanos para que se transformen en representantes de otros ciudadanos -los partidos políticos- no logran sintetizar y contener con su accionar inquietudes colectivas.
En el partido político oficialista creo que el estilo y las formas de llevar adelante la gestión, azuzando permanentemente la lógica amigo-enemigo, provocan un clima de violencia social que, por diferentes circunstancias y a diferencia de otras medidas del gobierno, son percibidas en la piel por el ciudadano de “a pie”, como dice un amigo.
En el caso de los partidos de la oposición, creo que el llamado de atención es mayor. Porque quienes naturalmente deberíamos contener las inquietudes de un colectivo que no comparte el accionar de un partido de gobierno, somos absolutamente incapaces de hacerlo.
Dedico un párrafo para comentar por qué no fui ayer al 8N. Soy militante político y defiendo la política como mecanismo transformador. Con dolor militante ví miles de argentinos manifestándose sin poder ser representativos para ellos.
Pero también la crisis tiene que ver “con los representados”, ese colectivo amorfo que solemos denominar “la gente”. Las multitudinarias marchas de ayer son representativas necesariamente de los padrones electorales de cada lugar y me animo a pensar que muchos de quienes asistieron ayer votaron por el partido oficialista. Entonces creo que en la acción legítima de participar de la marcha hay un poco de gataflorismo, por decirlo de alguna manera y sin ofender, porque el estilo K no empezó con el cepo al dólar, sino que empezó desde el primer día que asumieron el poder en el 2003. Algunos -si bien compartimos muchas medidas- siempre advertimos que el estilo de sesgo autoritario, cerrado y sin diálogo lo tuvo siempre este gobierno nacional (¿se acuerdan de la crisis con el campo?). Y esto se agudizó con
la segunda presidencia de Cristina K, quizás envalentonada por el porcentaje obtenido en las urnas.
Pero también no podemos perder de vista que cuando estamos en nuestro rol de representados, tenemos que tratar de imponer coherencia. No es que no se pueda marchar -porque gracias al esfuerzo de muchos que ya no están, en Argentina existe una democracia que nos permite expresarnos masivamente sin ningún problema- sino porque como ciudadanos nuestra herramienta más importante es el voto y es al momento de emitirlo donde debemos analizar qué estamos votando, pensar en colectivo para trascender lo individual, superar la visión solamente económica de las cosas y escuchar enserio. Luego de la emisión del voto las reglas de juego de la democracia, que son las que nos permite manifestarnos y expresarnos libremente, son que debemos esperar cuatro años para poder cambiar o no aquello que elegimos.
Celebro las manifestaciones si significan involucrase, las celebro si significan superar lo individual para trascender a lo colectivo, las celebro si significan asumir nuestro rol de ciudadanos y expresan un control permanente al gobierno.
Los actores políticos -oficialismo y oposición- debemos escuchar, porque estos actos nos están diciendo algo.
Como ciudadanos debemos escuchar cuando se nos presentan opciones electorales y cuando se nos advierte desde los sectores políticos sobre determinadas cuestiones.
Como argentinos debemos escucharnos y aprovechar esta crisis de representatividad para resignificarnos, para involúcranos en lo público y para encontrar los canales de diálogo necesarios que no permitan llevar situaciones a los extremos sino que podamos abordarlas antes. Esos canales existen, sólo hay que apropiarse de ellos: vecinales, clubes, asociaciones, cooperadoras, fundaciones, mecanismos de voluntariados y, por supuesto, los partidos políticos. Todos esos espacios y los que se puedan generar, son intermedios entre el gobierno (representantes) y “el pueblo”, “la gente” (quien no delibera ni gobierna sino a través de…).
Dialoguemos y escuchémonos que, como reza el dicho popular, cuando uno no quiere dos no pueden.
Dr. Carlos Suarez




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