miércoles, 15 de abril de 2009

Patrimonio Cultural

Carta a El Litoral por la Casa de la Cultura


Casa de la Cultura - Tesoro Patrimonial


Sr. Director:

Con gran alegría he visto publicada en El Litoral del sábado pasado una nota que habla sobre la Casa de la Cultura y algunos aspectos relacionados con el estado de avance del proyecto integral de restauración y puesta en valor de dicho edificio. Sin embargo, grande fue mi sorpresa cuando me encontré a continuación la columna firmada por el Sr. Gustavo Víttori.
La racionalidad y la legitimidad, dos palabras de aires señoriales que levantan acusadoras el huesudo dedo del juicio, saltan de este texto sin demasiadas aclaraciones.
¿A qué se refiere quien firma cuando habla de la legitimidad de un proyecto de restauración o de conservación del patrimonio arquitectónico? ¿A la aquiescencia generalizada, a la aprobación de los órganos correspondientes, a la participación de entidades no gubernamentales?
Si la legitimidad de una inversión para la conservación del patrimonio se define por alguno de estos criterios el proyecto de restauración y puesta en valor del edificio de la Casa de la Cultura tiene sobrados fundamentos para considerarse legítimo. No sólo la Comisión Municipal de Defensa del Patrimonio y el Colegio de Arquitectos fueron consultados sino que la Universidad Nacional del Litoral a través de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas y la Universidad Tecnológica Nacional Regional Santa Fe han tomado parte en los trabajos de la primera etapa. Ello sin mencionar que las empresas que han ejecutado los trabajos correspondientes han sido seleccionadas conforme a un criterio que privilegia a las pertenecientes a la ciudad de Santa Fe o la Provincia de Santa Fe en tanto reúnan todas las condiciones requeridas para ejecutar las diversas labores.
Asimismo, en una provincia como Santa Fe que aún carece de una ley de protección integral del patrimonio, con los vaivenes propios de la vida política, el proyecto de la Casa de la Cultura puede distinguirse como un ícono generador de consensos entre las sucesivas administraciones, que ha merecido tal clase de atención porque existe un acuerdo unánime sobre el valor patrimonial que en sí misma encierra la casa con independencia de las actividades que en ella pudieran llevarse a cabo.
Por otro lado, cabe aclarar que el proyecto de restauración y puesta en valor nunca pretendió convertir a la casa en un centro cultural. Por el contrario, al poner de manifiesto que a pesar de su aspecto “ruinoso” la obra mantiene un alto grado de originalidad tanto funcional como tecnológica y formal, rescata el valor intrínseco de la misma sin desconocer los requerimientos propios de su uso como espacio público.
Por ello, el proyecto ha trabajado con dos formas concurrentes o miradas a partir de las cuales el usuario puede disfrutar del edificio: La de quien desarrolla actividades o se recrea participando de una función, una muestra, un taller, etc.; y la de aquella persona que recorre la casa para deleitarse con sus cualidades arquitectónicas o rememorar la vivienda y el estilo de vida propios de una clase y una época de Santa Fe. ¿Dónde hay en Santa Fe de la Vera Cruz otro ejemplo de esa arquitectura?

El Sr. Víttori dice que “La preservación del pasado y la memoria son importantes en la configuración de la identidad; pero como ésta no es un fósil, se construye sin solución de continuidad en una tensión dinámica con los anclajes de la historia.” Tal afirmación claramente supone que los mentados anclajes sean lo suficientemente firmes como para permitir que la construcción histórica como expresión de la dinámica de un grupo humano avance con rumbo definido. ¿O sería acaso posible que un árbol creciera y extendiera sus ramas si sus raíces no fueran firmes y profundas o si, peor aún, no recordara tenerlas?
La conservación de la memoria retenida en los bienes patrimoniales es una labor generacional que implica una activa promoción por parte de una ciudadanía comprometida con el concepto de “conocer para preservar”. En esto, si bien el estado tiene un rol protagónico como campo de debate, difusión y regulación, la carga principal se asienta en la participación de los ciudadanos como efectivos constructores de valor y guardianes primarios del patrimonio.
Así, si bien la recuperación del edificio de la Casa de la Cultura es una cuestión vieja no es una cuestión irresuelta. Mucho se ha trajinado desde que en 1992 se hiciera el primer estudio conjunto entre la Universidad Nacional del Litoral y la Universidad Católica de Santa Fe a cuyo calor maduró la idea del proyecto actual de restauración y puesta en valor.
Ahora bien, el Sr. Víttori insiste en que “la inversión en edificios patrimoniales no puede desvincularse de los criterios de racionalidad y legitimidad”, y por ello, recalca que “hoy, la relación costo-beneficio entre una conservación incierta del inmueble o la construcción de algo nuevo y creativo sobre la marca histórica del lugar pareciera ser lo más racional y legítimo.” Incluso, citando el ejemplo de Francia menciona al pasar la posibilidad de una cirugía mayor de la trama urbana.
¿Acaso el patrimonio vale por su utilidad inmediata o su modernidad y juventud? Conservar implica dedicarse a mantener los valores encarnados en cosas más allá de su utilidad. En los últimos once años, la supuesta millonaria suma que ha invertido el la Provincia de Santa Fe, $769.729,30 en total, se ha traducido en unos insuficientes $5831,29 mensuales que se han aplicado para evitar el colapso –cosa que se ha logrado-.
Lamentablemente, Santa Fe de la Vera Cruz tiene una oscura experiencia con episodios de “cirugía mayor” de la trama urbana tal como los denomina el Sr. Vittori que lo único que han dejado es el horror de automutilación. En nombre de los todopoderosos criterios de racionalidad y eficiencia Santa Fe de la Vera Cruz ha perdido impávidamente joyas de su pasado que sólo nos dejaron con la añoranza y la pregunta nunca contestada del por qué.
Lo que se pudo haber hecho en Francia, si bien puede observarse a la luz del ejemplo, es adecuado para los franceses pero nada tiene que ver con nosotros, habitantes de Santa Fe de la Vera Cruz y con lo que colectivamente podemos optar por legar a nuestros hijos.
Si queremos conservar es porque entendemos que más allá de la eficiencia y la modernidad, la juventud y el dinamismo, nuestra identidad debe construirse sobre el cimiento sólido de aquello que definimos como valioso. O, en otras palabras, de eso que queremos que quienes nos sigan en el camino no pierdan sino que guarden como recuerdo modesto de lo que corre por sus venas y es parte de ellos.
Tenemos que asumir que no somos espectadores del destino, somos responsables de lo nuestro ante los ojos de las futuras generaciones. No debemos alimentar el futuro con ausencias y con las oquedades de la nostalgia sino con las presencias del esfuerzo, de la construcción, de la lucha ante las dificultades, de la superación de los obstáculos, del tesón ante lo que parece imposible.
No se debe mirar esto solo con los ojos de los hombres de la primera década del siglo XXI hay que verlo como un legado para las futuras generaciones. Un legado que transmite valores y, a la luz de las reinterpretaciones que pueda sufrir en el futuro, ayudará a que los santafesinos se piensen y repiensen no aisladamente sino en el marco de la historia que es parte de cada uno de ellos.
Ésa es la herencia de nuestros hijos. En este caso sólo tiene la forma de una pila de ladrillos que se alzó para conmemorar cien años y que ahora lucha a la puerta de los doscientos por decir: si queremos se puede, no importa lo que cueste.


Dr. Andrés I. Ferratto
DNI 27.117.259
Santa Fe de la Vera Cruz, 05 de abril de 2009

1 comentario:

  1. Ayudemos a preservar nuestro Patrimonio, después no lloremos sobre las ruinas

    ResponderEliminar